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Donald Quesada Baltodano
Nacionalidad:
Costa Rica
E-mail:
Biografia
Al Amparo

Si una luz ardiente me persigue,
O una sombra abismo negro me acorrala,
Al amparo de tu amor, ser equilibrio y persistencia.

Si las dunas del desierto me destierran
Y las olas del mar me toman por acantilado,
Al amparo de tus manos, desnudar los posibles daos.

Al asomarse la luna en la pendiente de tus ojos
Y tus caderas como locas golpeando mis sentidos,
Al amparo de mi cuerpo dominar con estribillos,
Ese perfume esplndido que tiene tu sombra.

Si en mi pradera corro contigo,
Si en mis sueos, te estigmatizo,
Nos amparamos en nuestro nido.

El Sendero

El sol en poniente acaricia el horizonte
Sobre el sendero paralelo a la playa,
Mientras las olas del mar en su espuma golpean
Las laderas de los cerros que se resisten quebrantadas.

La maana se asoma fresca e interesante
Los pelicanos agitan sus alas, las gaviotas revolotean,
Sobre las rocas los cangrejos negros se deslizan,
Y las caracolas a la deriva me dejan su cancin de estigma.

Los cedros espinosos se levantan impetuosos,
Las hojas secas recogen a sus nativos silvestres,
Camina el pizote sigiloso e incoloro,
Mientras las urracas anuncian su presencia medrosa.

En el rbol de almendro, se escucha como un trueno
La presencia de un tmido oso hormiguero
Que provoca en su festn maanero
Que las iguanas le ignoren sin ningn consuelo.

Un venado cruza como un desvelo el sendero,
Los monos congos allan hacia el firmamento,
Las hormigas de fuego en su safari carnicero
Y la aleta de un tiburn anuncia que se calienta el cielo.

En el tronco hueco los murcilagos chillan
Esperando la noche y que muera el da
Un mono cara blanca en su cola se mece
Y un mapache cruza como ladrn con su familia.

Este sendero no improvisa nada,
Con un poco de silencio y unos pasos floreados,
Cruzas el da de un solo trago,
Y baas la noche, con las estrellas que han dado.

Canto del Yiguirro

Los itabos en fila, nos daban en verano ese espetculo,
racimos de flores blancas, como las flores del bamb,
hacan una hilera finita de deleites a la vista,
y en sus hojas firmes y puntiagudas,
semejaban un protector contra la codicia del hombre.

Sus troncos se atornillan al suelo, sus troncos gruesos y espigados,
daban la sensacin de su probable longevidad,
y mirando para adentro las sombras de los cafetos
y los rboles frutales que se imponan en el paisaje.

Ahora solo queda ver, esas maquinas siniestras,
arrasaron con las historias, con los caminos de hormigas,
con las flores naranjas de los poros,
con el grito insolente de los pericos de febrero.

Al pasar y ver tanta desolacin, aquella tierra negra y fertil,
cubierta por piedrillas trituradas y estriles,
aquel edificio, con su gran rtulo en la entrada,
el estacionamiento, los carros, devolviendo la la luz.

A pesar de todo, entre los restos de los itabos,
con su color no llamativo, se oa el canto inconfundible,
de un yiguirro, esa ave que nos avisa el invierto,
y que no se ha dado cuenta, que ya no existe su cielo

biografia:
Donald Quesada Baltodano

Nac en Montecillos de Alajuela, un 25 de diciembre de 1968, desde entonces escribir ha sido para mi, parte intrnseca de mi vida, siendo en todo mi proceso educativo parte fundamental de mi vida, acutalmente soy docente de Estudios Sociales, y he sido directivo de los principales gremios de educadores de este pas por lo que estoy en una constantelucha, que es parte de todo aquel que tiene alma de poeta.

donq_ba@hotmail.com

 

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