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Olga Lonardi
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
Biografia

Pronunciar el nombre

“Conoces el nombre que te dieron,
no conoces el nombre que tienes”

Libro de las evidencias

Pronuncio mi nombre
su inicial redondez
vocal mandálica
una elíptica luz entra en su hueco
me invita a entrar y explica:
fue un sueño el que le reveló
a mi madre que en su vientre crecía
una niña y me llamaba

pienso entonces quién
me ha nombrado en la noche
en que fui soñada

el sueño sigue echado
a mis pies
guardián celoso

a veces me ausento
hacia adentro de mi nombre
cada día vuelvo
a su útero de animal doméstico

mi nombre va
un viento lunar lo lleva
atado a hilos en círculos concéntricos

en su interior nominal
convive un mundo
inasible otro
plumas nacaradas
sangre de ciruelas la boca
yuyos macachines
campanitas bordadas de azul
sobre alambrados de infancia

pronuncio mi nombre
la eternidad tiene su mismo hueco
de orfandad y misterio

una íntima parte
una sombra mínima
de todo lo nombrado
se abisma en mí
y me nombra

En nombre del nombre

I

sobre el lomo del viento
el nombre va
entre las piernas le nace
una gloria frutal sudor de bestia
el pelaje dorado cruje
se agita su sangre

un deseo oscuro
blando baja

la erizada columna vertebral
se vuelve cobra hambrienta

y todo el nombre es animal.

II

al nombre le nacen
picos de nácar mínimas alas
algo lo vuelve ave religado
a la espejería del cosmos

entre plumitas de tul se ordena el mundo
y el nombre es otro
canto gregoriano
celebrado por su propia voz

III

una madre antigua borda la inicial
adentro el nombre
agita sus señales
atrapado en la urdimbre

los dedos saltarines
enlazan cada letra
y los hilos dorados hacen su trabajo

en el revés de la trama
se trasluce el habitante silencioso

IV

la niña de mi nombre
arriba del árbol de moras negras
celebración de alcanzar
la bondad del sabor
triturar el líquido contra la lengua

desde lo alto
mirar alrededor abajo
la extrañeza del mundo
redondez ajena

Nombres que me habitan

Conozco los nombres que me dieron
busco el que me habita

nombre rodeado
por la palabra rodeada
enciende en mí un fueguito vital

“ la poesía es la tentativa
de apremiar a Dios para que hable”
Nemerov

que hablen que hablen!
¿quién?
la poesía, Dios,
a veces están mudos.

“la poietisa” dice la Thenon
amo y celebro su ironía
su manera de apremiar discursos poéticos

guardo adentro de mi nombre
botines luminosos
hojas secas entre pinturas de Magritte
mandalas piedras de obsidiana
dibujos de mis hijos
cartitas de amor del día de la madre

guardo la foto de doña Chela
la aborigen de Tezoatlán
que me ahuecó en sus brazos
una noche en la que todo
se me volvió distante y lluvia

guardo un vestido enorme de la India
que Chiqui Vicioso me regaló
una noche de tequilas y poemas en Oaxaca
Mujeres Poetas en el País de las Nubes

guardo
un marco dorado a la hoja
revela aquello que subyace

dar base color óxido
luego cola de oro
esperar punto mordiente
allí sí tomar entre los dedos
papeles de dorar
con suma concentración
pegarlos
dejar que queden grietas
como en el poema entrar por ellas
en lo que se deja ver
y trasluce cierto misterio
oro oscuro envejecido
para completar el ritual

Otros, mi nombre

“yo soy otro” Rimbaud
“yo soy el otro” Nerval
“somos tantos en otros” Olga Orozco

los cantos de Maldoror de Lautrémont
las flores del mal de Baudelaire
Una temporada en el infierno de Rimbaud
arcano 17 de Bretón

Pizarnik biagioni marosa di Giorgio
orozco thenon
rosario castellanos
cortázar borges gelman
calveyra juarroz pessoa
vallejo bertolt bretch

mi ser contiene sus nombres

acuna lo que aún no fue nombrado
ni cruzó fronteras
ni alcanzó esferas visibles

en mí convive
un vacío lleno de presencias
vientos de oscura claridad

Revelación debajo del designio

contemplar palabras
como en una obra de “El Bosco”
descubrir señales simbólicas

¿escribir rescata de intemperies?

indagar en “el frágil espesor de las palabras”

una palabra un solo libro
todos los nombres un solo nombre
las cosas nombradas
perduran

mi nombre
agua de ojo que mira
y vuelve a dar forma
a todo lo habitado

nombre que indaga indaga
¿Quién habla?
pregunta Nietzsche
Mallarmé responde que quien habla
en su soledad en su frágil vibración
en su nada es la palabra misma.

¿quién habla?
pregunta el poeta
desde un vacío repleto de voces

la piel la lengua el lenguaje
interrogan

el silencio intenta responder

sólo detenerse oírlo

Olga Lonardi

EL CUERPO EN LA PALABRA

Penetra en el cuerpo, la palabra,
desde la intemperie ancestral,
desde la ausencia,
inscribe sus símbolos
en la boca clausurada,
sobre el cuerpo y sus agujeros,
inscribe su metáfora,
herida abierta en la grieta del cosmos.

Hundidas en el cuerpo,
las letras carnales, feroces,
clavan su ardor allí,
mientras la pupila indaga
tantas mutilaciones
que se pronuncian silenciosas.

Velos de escrituras en la espalda,
ilusión de cielo y sin embargo infierno,
el cuerpo habla, desgarrado, abierto,
y entre pelos, olores y salivas,
recibe a la palabra,
incendiada, bella.

Ella deja en la memoria
su tatuaje de animal en celo,
su leche de verbo fundante,
su cuerpo como destino
en el cuerpo del otro.

Cuerpos violados
sobre escombros de miserias,
apenas gimen, apenas lloran.
Entonces, la palabra enmudecida retrocede,
ante el espanto de nombrar
se vacía en sus significantes
y quedan desnudos
los íntimos contornos.

Murmullo, lamento, decir, decir, callar.
Invocar voces.

La palabra, espejo del cuerpo,
refleja el anagrama: Adán y Raza, azar y nada,
palíndromos con los que jugó Cortázar.

Mientras alguien se enamora
de bellas acepciones
otras palabras hunden grotescos
en el centro del pecho, bien adentro.
Palabra como hambre,
negada en la lengua del otro,
el del vientre saciado,
el impune al dolor,
al ruido de tripas allá abajo.

Tatuadas con vidrios, en el cuerpo,
las palabras cortantes,
sobre cada circunvolución
izquierda del cerebro:
allí, sobre los muros del lenguaje,
escritas con lenguas ardidas
de imágenes oscuras.

Una misma palabra
dicha en distintos sitios
huele como excremento entre los dedos,
putrefacción, para el ojo que graba la vida.

La palabra cuerpo cae en el cuerpo,
viaja hacia la oscuridad luminosa,
muta en la esencia líquida: sangre y linfa,
variaciones de voces.

El cuerpo destinado a presentar todas las formas,
guarda en su instinto un ojo inmóvil
de bestia adormecida.

El cuerpo en la palabra,
palabra que lo acuna, lo salva,
lo carga con amorosa entrega,
como la Virgen y el Niño, de Leonardo,
como la Piedad de Miguel Angel,
sostiene cada tramo,
cada porción de carne en llaga viva,
simulacros para sitiar olvidos.

Acaso la palabra cuerpo
nunca alcance para decir lo que el cuerpo grita,
sólo enmudece.
Detrás de la piel habita una historia
hechas de ritos circulares.

Cuando el cuerpo ama,
la palabra calla,
crece un lenguaje de luz
entre uno y otro,
tan uno con el otro,
escindidos del cuerpo solo,
fundidos en la completud del abrazo.

El cuerpo amado lleva
inscripto en la piel todas las pieles.

Cuerpos que se anudan,
en un intento de saltar la trinchera,
protegerse de todos los absurdos allí afuera,
sin embargo la lágrima cae,
silenciosa hacia la nada.

Mientras el cuerpo
en reposo sigue oyendo,
palabras interiores,
voces que trepan a la sangre,
hechas mixtura y soplo, aliento,
frases que se posan allí
en la levedad de la lengua,
a veces muda, a veces quieta
y otra vez suelta, para volver a pronunciar.

Cuerpos sin nombres,
arrojados al vacío
de las palabras ausentes,
orfandad, desnudez, soledad cósmica.

Poblar el cuerpo nombrado,
cuerpo para nombrar palabras,
palabras para nombrar cuerpos,
re escribir cada parte
con su carga de símbolos,
esos pequeños léxicos
el sexo, el ojo, el pie, la mano,
transmutaciones que narran voces
para desandar la distancia
entre la mirada y el gesto
y volvernos uno y todo, íntimos, sutiles,
descubrirnos el rostro, el auténtico, el otro,
el que calla y crece encima del gesto de la muerte.

El cuerpo en la palabra,
complicidad, entre los labios de dios
y los labios que nombran,
nombran con el leve temor
de no ser ya nombrados,
nombran para guarecer la palabra
de la intemperie del cuerpo,
alumbrar el estallido que sube de la entraña,
nombran para tocar la breve eternidad:
el cuerpo en la palabra.

BIOGRAFÍA:
Olga Lonardi

Poeta y Pintora. Directora de la Revista de Arte y Literatura \'La boca descosida\'. En elmes de Abril del 2005 recibió de la Secretaría de Cultura de la Nación, Argentina, el Segundo Premio Nacional de Poesía, Iniciación por la producción \'La altura del silencio\'. Trabaja activamente en presentaciones de ciclos de Poesía. Fue invitada a participar en el XII Encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes, México, en noviembre del 2004.

olonardi@entrerios.net

 

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