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Fanor Ortega Dvalos
Nacionalidad:
Bolivia
E-mail:
Biografia

La copla lejos del pago

A mis soledades voy,
De mis soledades vengo,
Que para andar conmigo
Me bastan mis pensamientos.

Lope de Vega

SEGUNDA PARTE

VOY BUSCÁNDOME A MI MISMO

El personaje central que relata la historia, es de ficción, cualquier similitud con algún caso puntual, será pura coincidencia.

Pero servirá para rendir un homenaje póstumo a luchadores populares algunos ya olvidados, dándoles de nuevo la vida en mi copla, ubicándolos en uno los feudos más importantes que afectara la Reforma Agraria en el sur boliviano.


VOY BUSCÁNDOME A MÍ MISMO.

Voy buscándome a mí mismo
Adentro de mis silencios,
Desenterrando tristezas
Y alegrías de los tiempos.

De los tiempos que dejaron
Hondos surcos en mi frente,
Donde se empozan recuerdos
Que han de quedarse pa’ siempre.

Para los que me conocen
Lo que pienso no es secreto,
Sólo mis intimidades
Las guardo dentro del pecho

Pero hay algunos pasajes
De los años que he vivido,
Que no quiero se me vayan
Así nomás al olvido.

Hoy varias generaciones
Podrían contar conmigo,
Pa’ refrescar la memoria
Con lo poquito que digo.

Soy un testigo de cargo
Y también de la defensa,
En medio de las dos partes,
Testigo para el que piensa.

Soy testigo de ambas partes
Porque digo la verdad,
Acusando y defendiendo
Con la mayor libertad.

De los hechos que grabaron
A fuego vivo, vivencias
Unas que me llegan cerca
Y otras sin más trascendencia.

Porque en la cuestión de gobiernos
En Bolivia encontrarán,
Gobiernos que son historia
Y otros, gobiernos nomás.

Atestiguo cada instante
Que en mis adentros galopa,
Dándole toda la rienda
A la rima en esta copla.

Esta copla de las sendas
Del arriero de la historia,
Que las puedo ir desandando
Al tranco de mi memoria.

Me levanté tempranito
Para votar de primero,
Por otros madrugadores
Hace ya una hora que espero.

Y espero que no me jueguen
Los huesos mala pasada,
Porque ya para los pobres
Soy una carga pesada.

Votar en las elecciones
Hoy, es algo memorable,
Donde para bien o mal,
Paz Estensoro es culpable.

El culpable es un decir,
Porque también lo amerita,
El hecho que estemos listos
Para que brille esta cita.

En este año dos mil cinco
Y dieciocho de diciembre,
Ha de traer consecuencias
Que nos marquen para siempre.

Ahora ya es vieja costumbre
Votar en cada ocasión,
Para elegir presidente
Que gobierne la nación.

Ya van cincuenta y dos años
De que la ley ha cambiado,
Dejando atrás para siempre
Al voto calificado.

Para llegar a este punto
Es preciso desandar,
Cada hecho sobresaliente
De la vida nacional.

Hechos reales y concretos
Que me tocaron vivir,
Con tristezas y alegrías
Antes y después de abril.

Nací pegado a la tierra
Que no tiene parangón,
Y de la moza más linda
Que hubo por esta región.

Mi tata fue el arrendero
De un pedacito del cielo,
Que esperaba tras un cerro,
Al abuelo de mi abuelo.

Pero no ha sido del todo
Como yo hubiera deseado,
Porque yo vine a este mundo
En un tiempo equivocado.

Aunque yo vine a la tierra
Más linda para vivir,
Nací desgraciadamente
Antes del nueve de abril.

Mil novecientos veintiocho
Me trajo a esta tierra bella,
Cuando el patrón todavía
Nos vendía con la tierra.

En los años de mi infancia
Tenía llena mi casa,
Con mi tata, con mi mama,
Con mi copla y con mi caja.

Más nada necesitaba,
Ni falta me hacía ropa,
Con tanta suerte que tuve
Que me abrigara la copla

Como no había en la panza
De mi mama un pizarrón,
Tanta copla sólo pude
Grabarme en el corazón.

Así bastaba con darle
Rienda suelta dentro el pecho,
Para ver que a la tonada
El verso vaya derecho.

Al crecer, poquito a poco
La copla fue madurando,
Rimando con el dolor
Que estábamos soportando.

Mi mayoría de edad
Se apuró haciendo el cuartel,
Porque tenía un motivo
Con más dulzura que miel.

Me parecieron dos siglos
El servicio en ese entonces,
Más estando destinado
Dos años en Villa Montes.

Dos años de sacrificio
Que bien valían la pena,
Y hasta pienso que era poco
Por una linda morena.

Al pedacito de tierra
Que me tocó por herencia,
Con esa linda morena
Se agigantó mi querencia.

Por los ojos de esa moza
Miré por primera vez,
A mi vida con motivo
De llegar a la vejez.

A la vuelta del servicio
Como que tocaba el cielo,
Era para no creerlo
Ver cumplido tanto anhelo.

Estaban en cada surco
Sueños para ir cosechando,
Justito lo que en la vida
Entera anduve buscando.

Porque esa linda morena,
No era gorda ni delgada,
No era tan alta ni baja,
Era tal cual la soñaba.

Era tal cual la soñaba
Como quesillo con miel,
Un poquito más arisca
Me reventaba la hiel.

Nuestros sueños se juntaron
Un catorce de septiembre
Cuando el señor de Pilaya
Nos bendijo para siempre.

Trastornando una lomada,
Fui levantando mi casa
Con adobes de primera
Y techándola con paja.

A mi catrera de tiento,
Mi lazo, apero y mi caja
Les daban vida, los ojos
Que iluminaban mi casa.

No tanto como mi mama,
Pero esa morena fue
Adornándome la casa
Más linda que no sé qué.

Al tiempito, esa morena
Le dio más vuelo a mi sueño,
Cuando sentía en su vientre
Latir mi primer retoño.

Y podía pasarme horas,
Viendo como la cintura
Cada día se aumentaba
En yunta con su lindura.

Andando en mis veinte años
Tuve la linda ocasión,
De debutar orgulloso
Padre de un sano varón.

Unos cinco años más tarde
De nuevo pude sentir,
Tan semejante alegría
Que se volvió a repetir.

Mis dos retoños harían
Prolongar un apellido
Que se proyecte en el tiempo,
Gambeteándole al olvido.

Empero, puertas afuera
Era otra la realidad,
Porque no había nacido
En tiempos de libertad.

Nací en tiempos del reinado
Del peor yugo feudal,
Que trataba al campesino
Como si fuera animal.

El tenedor de la tierra
Explotada al campesino,
Y el campesino pensaba
Andar su propio camino.

Entre fuerza productiva
Y medios de producción,
Ya no había más que darle
Fin a esa contradicción.

En las orillas del río
Pilaya, en la otra banda
Germinaba el descontento
Que incendiaba hasta la pampa.

A través del gringo Merci,
José María Linares
Empujaba hacia el infierno,
A la pampa y a los valles.

El diezmo era una condena
Que ya nadie soportaba,
Más trabajar la quincena
Sin recibir una paga.

Mi tata fue perseguido,
Cuando Marcela Telera
Le acertó una piedra al gringo
Cerquita de la mollera.

Después de juzgarle en Sucre,
Telera fue fusilada.
Más por dar un escarmiento
Y abortar otra pueblada.

Mi tata pudo escaparse
Hacia la zafra argentina,
Donde se fue, según dicen,
De una muerte repentina.

Decían que los paisanos
Lo llegaron a enterrar,
En el medio del olvido,
En el lote Arrayanal.

Con la noticia mi mama
No demostró su flaqueza,
Pero al tiempito a la pobre
Se la llevó la tristeza.

Llegó nomás a cumplirse
Lo que estaba presintiendo,
De tener que poner solito
Todo el lomo en el arriendo.

Trabajaba una quincena
Sin recibir una paga,
Lo hacía por el arriendo
De mi tierra y de mi casa.

Por ese mismo concepto
De una mente tan estrecha,
Me sacaban de las manos
Lo mejor de mi cosecha.

A mi hacienda reducida
Año tras año, lo mismo
El patrón me la diezmaba
Con descarado cinismo.

Y venía la amenaza
De darnos el escarmiento,
De enterarse que nosotros
Hablemos del movimiento.

A la primera sospecha
Nos colgarían también,
Como en la plaza Murillo
Lo hicieron con Villarroel.

Para eso, estaba la rosca
Donde fueron a servir
Al gamonal oligarca,
Los colgadores del PIR.

Rosca de izquierda y derecha
Que sólo le hacía falta
Se aproveche bastardeando
De los acuerdos de Yalta.

Amenazaban cadenas
Y castigos corporales,
De sentencias y condenas
Rebalsaban sus morrales.

Sabían que en Buenos Aires
Complotaba Víctor Paz,
Al frente del MNR
Con una pueblada audaz.

Al fin llegó el memorable
Día del nueve de abril,
Con el pueblo alzado en armas
Dispuesto hasta morir.

No sé de cómo salieron
De cada rincón chapaco,
Las armas que defendieron
Nuestras arenas del Chaco.

Desde la Paz estuvieron
Coordinando pa’ ese fin,
El subjefe Siles Suazo,
Ñuflo Chávez y Lechín.

Con ellos los bolivianos
No dudamos ni un momento,
Con el fusil en las manos
En seguirle al movimiento.

La bochornosa historia
De fraudes del Mamertazo,
Finalmente terminaba
Velándose en el ocaso.

Con vivas al movimiento
Y glorias a Villarroel,
A Víctor Paz Estensoro
Ya lo esperaba el poder.

Víctor Paz en el poder,
Demostró su lealtad
Al ideal de nuestro pueblo
De tierra y de libertad.

Y se nacionalizaron
Los recursos naturales,
De las entrañas del suelo,
Nuestros ricos minerales.

De un plumazo fue borrado
Todo resabio feudal,
Dándole el poder al pueblo
Con el voto universal.

La propiedad sacrosanta
De la tierra fue abolida,
Dándosela al campesino
Como primera medida.

Con esa ley ya podía
Mi propia tierra labrar,
Y si quería al extremo
La podía abandonar.

En esa nueva alborada,
El sueño era producir
Para la esposa y los hijos
Parcelas de porvenir.

Y también por todo el campo,
Vimos brotar las escuelas
Desbordando de alegría,
Como si estrenara espuelas.

Festejando la llegada
De nuestra Reforma Agraria,
Mi primogénito estaba
Ingresando a la primaria.

Incluso para los viejos
Se presentó la ocasión,
Para enlazar a la letra
Con la alfabetización.

A la rima más arisca
La tendría en mi poder,
Sujetada con las riendas
Del lápiz y del papel.

Para que pueda del pecho
Salir sin tartamudear
La copla para la moza
Que me reine en el hogar.

También podría en la copla
Algún día ser capaz
De agradecer lo que hiciera
Por nosotros Víctor Paz.

Aunque no pretenda tanto
Como la dedicatoria,
Que le hiciera el Ñato Vargas
Que hoy me arrima la memoria.

Esta coplita dedico
Al gran jefe Víctor Paz,
Esperanza de Bolivia
No lo olvidaré jamás.

Viva la provincia Méndez,
Y que viva Canasmoro.
Y que viva el gran jefe,
Don Víctor Paz Estensoro.

Coplas muy bien concertadas
En la rima y la medida,
Tan propio del Ñato Vargas
Pa’ su tonada sentida.

Dejándole al Ñato Vargas
Al menos por un buen rato,
Me dedico nuevamente
A retomar el relato.

Se tomaron las medidas
De manera extraordinaria,
Medidas que para entonces
Eran revolucionarias.

Ahora cualquiera podía
Mandarles a la ciudad,
Para que estudien los hijos
Hasta en la universidad.

Terminando la primaria
Al mayor de mis tesoros,
Lo aceptó de postulante
La Normal de Canasmoro.

Donde don Oscar Alfaro,
Profesor de la Normal,
Supo modelar el alma
De nuestro maestro rural.

Los hijos, modestia aparte
Y en honor a la verdad,
Demostraron lo que vale
Todo el campo, en la ciudad.

Cuando el hijo del humilde
Llegó a la universidad,
Avizoró el nacimiento
De una nueva sociedad.

En donde jamás el hombre
De cualquiera condición,
Pudiera ser un objeto
De sufrir la explotación.

Desde luego no podían
Los poderosos dejar
Que ni sueñen los de abajo,
En subir un poco más.

Así un cuatro de noviembre
Se nos vino la amargura,
Con los gorilas golpistas
De la cruel dictadura.

La derecha, que quería
Ahogar la revolución,
Con una carnicería
Se lanzó en persecución.

Allanaban domicilios,
Justificando después
Con que se encontraron armas,
Sin que interviniera un juez.

Barrientos inauguraba
Una historia de traiciones,
De cruentos golpes de estado
Y amañadas elecciones.

El general con engaños
Sacó del campo el fusil
Que estaba de centinela
De la gran gesta de abril.

Desarmado el campesino
Como objetivo primero,
Siguió la Restauradora
Con desarmar al minero.

Los cercos y los bloqueos
A los mineros serán
El preludio a la masacre
De la Noche de San Juan.

Con los Estados Unidos
La derecha en pleno idilio,
No nos dejó más remedio
Que la lucha o el exilio.

En esa nueva instancia
La contrarrevolución
Le obligó al Che Guevara,
A tomar la decisión.

De venirse pa’ Bolivia
De la noche a la mañana,
Soñando un otro Viet Nam
En la selva boliviana.

Eran los años sesenta,
Cuando una generación
Tuvo que darse en entero,
Para la revolución.

Pero más nunca comprendo
Y nunca comprenderé,
Como algunos izquierdistas
Lo sabotearon al Che.

Fueron los mismos de antes
Renacidos colgadores,
Disfrazados de izquierdistas
Los principales traidores.

Esas organizaciones
De las izquierdas, hoy son
Con sus altos cabecillas
Sospechadas de traición.

Eran revolucionarios
Solamente en el café,
O detrás de un escritorio
Dándole el apoyo al Che.

Estas traiciones se dieron
Hasta en el suelo chapaco
Con los que fueron a “OLAS”
De Cuba, los “Espartaco”.

La juventud boliviana
Tuvo que irse para el monte
De Nancahuazú algunos;
Otros después a Teoponte.

El mayor de mis retoños
Llegado a maestro rural,
Miraba en Nilo Soruco
Un modelo pa´imitar.

De ese mi hijo tan querido
Hasta hoy, solamente sé
Que se me fue para el monte
A combatir junto al Che.

Una noche con tristeza
En la garganta y el alma,
Llegó a decir a la novia
Que se marchaba en el alba.

Ahora cuando más te quiero,
No imaginas lo que siento,
Al tener que liberarte
Del único juramento.

Porque sé que tu futuro
Es más que incierto conmigo,
No faltan por tu lindura
Otros que sueñen contigo.

Por ser revolucionario
Me obliga la coyuntura,
Y acaso a sufrir por siempre,
La ausencia de tu ternura.

Pero, prefiero la muerte
Y enterrarme en cualquier sitio,
O simplemente el olvido,
A traicionar mis principios.

Cuando la sed me consuma
En los senderos del monte,
Lo apagaré con el agua
Del manantial de tu nombre.

Cuando me acorrale el frío
Calándome hasta los huesos,
Lo espantaré con el fuego
Del recuerdo de tus besos.

Cuando te desgarre el alma
El lamento de algún niño,
Detrás del pan que no alcanza,
Recuerda sólo un cariño.

Mientras reine la miseria,
La explotación y el engaño,
Comprenderás que pa’l monte
Yo no me habré ido en vano.

Esa bellaza chapaca,
De mi hijo la preferida,
Nublándosele los ojos,
Le dijo en la despedida:

“Ve al monte con tus ideales,
Ve, aunque me quede llorando,
De vencedor o vencido
Te estaré siempre esperando.

Como podría la duda
Arrimarse ni un momento
Ante altar del recuerdo,
Donde sellé el juramento.

Sería el mayor absurdo
Que entre a mi pecho el olvido,
Si mi corazón al alba
Se va hacia el monte contigo.

Nada ni nadie en el mundo
Podrá impedirme el quererte,
Más allá de tu regreso,
Y más allá de mi muerte.

Aunque es tan triste el destino
Que me tocó al corazón,
Pero por ningún motivo
Culpo a la revolución”.

Ya van treinta y siete años,
Que la chapaquita espera
Encerrada en el silencio
De su blanca cabellera.

Una sarta de gobiernos
Se dieron en pocos años,
Todos ellos bendecidos
Por intereses extraños.

Antes de Juan José Torres
Tuvieron como el pilar
De la gestión de gobierno
“La represión popular”.

El golpe de Jota Torres,
Al pueblo le hizo soñar
Que se instalaba un gobierno
De tinte más popular.

Con Jota Torres tuvimos
Lo que se quiere querer,
Sintiéndonos un gobierno
Aunque lejos del poder.

Porque el poder detentaban
Los que tenían fusil,
Tomándose la revancha
Por lo del nueve de abril.

Pero al irnos a la izquierda,
Se fue ensanchando la brecha
Entre su pueblo y el líder,
Rodeado por la derecha.

Dimos lugar que coparan
La dirección del partido,
Emuladores de Hoschild,
De Aramayo y de Patiño.

Y en el colmo de los colmos:
Víctor Paz con la falange
Apuntalaran siete años
Al dictador Hugo Banzer.

Vimos como el contubernio
Hirió de muerte al futuro,
Ni por error se pensaba
En un momento tan duro.

Pero nunca imaginamos
Como nos iba a venir,
Que el hijo que nos quedaba
Se preparaba a partir.

El menor de mis retoños,
Pensando que en algún día,
Defendería a los pobres
Estudiaba abogacía.

Abandonando el estudio
Y a la tierra, se me va
A la ciudad argentina
San Miguel de Tucumán.

Donde todo boliviano
Sólo puede tener pan,
Pelando de sol a sol
La caña del Tucumán.

Allí donde un boliviano
Valía menos que un pucho,
Tildado de montonero
O bien del ERP de Santucho.

Sólo el obrero del surco
Lo tenía por igual,
En reuniones de la FOTIA
En la lucha sindical.

Aunque después el chapaco
Dejó de ser un extraño,
Al haber caído rendido
Del encanto tucumano.

En el llamado “Proceso”
Que enlutó al pueblo argentino,
Boliviano detenido,
Era un desaparecido.

A mi hijo lo detuvieron
Más, por ser un boliviano,
Desde ese entonces fueron
Todos mis rezos, en vano.

Y de la tucumanita
De mi nuera, no sé nada
Sólo que la detuvieron
Ya muy grande embarazada.

Así, con todo las penas
Se me alojan en el alma,
Al no encontrar el consuelo
Que arrime un poco de calma.

Por eso era imperativo
Buscar en la otra querencia,
Del segundo hijo perdido
A mi única descendencia.

Conocí la tierra gaucha
Cuando la Argentina al fin,
Retornó a la democracia
En los años de Alfonsín.

Desandando los caminos
Del hijo perdido, apenas
Ubiqué a unos familiares
De mi nuera en Yerba Buena.

Por sus calles, un domingo
Se me empacó el corazón,
Sin aparente motivo
Al frente de una mansión.

Absorto por un buen rato
Quedé mirando a una nena,
Que era el más vivo retrato
De años atrás, de mi nuera.

Hasta que el dolor del pecho
Me la quitó del mirar,
Pero cuando me di cuenta
Yo estaba en un hospital.

Entre inyección y camilla,
El tiempo de mi estadía
Se me fue, pero la duda
Que mataba no moría.

Pa’ volver a Tucumán,
Para arrancarme esa duda,
A mis setenta y seis años
Ni el bonosol, ya es ayuda.

Y pobrecita la vieja
Esperando los despojos
De los hijos, se ha perdido
Detrás de sus propios ojos.

Hoy mi vieja compañera
Por esa fatalidad,
Está a mi lado y no ha vuelto
Ya más de su soledad.

Aunque a los ojos del alma
Sigue siendo quinceañera
La morena de mis sueños,
Hoy mi vieja compañera

Por la morena que supe
Lo que es la felicidad
No cambian mis sentimientos
Por esa fatalidad.

Al perder a nuestros hijos
Estoy seguro y lo siento
Que ella se fue a sus adentros,
Está a mi lado y, no ha vuelto.

No imaginan como cuesta
Aceptar la realidad
Cruda, viendo que no vuelve
Ya más de su soledad

Hoy tan solamente espero
Que los dos al mismo tiempo,
Demos el último paso
Hacia el eterno silencio.

Porque siento que se acerca
El momento en que me vaya,
Para abono de la tierra
Que riega el río Pilaya.

Como no hay quien se le enfrente
A esa huesuda tan terca
Cada vez más atrevida
Siento que ya se me acerca

Y no importa si aparece
Por el monte o por la playa
Creo que viene ensillado
El momento en que me vaya

No rechazo al campo santo
Pero lo que más quisiera
Es poder servir en algo
Para abono de la tierra

Quiero ser mi propia tierra
Para volver en la sabia
De al menos un limón cidra
Que riega el río Pilaya.

Y Pilaya, a mi morena
Recibirá en sus entrañas
Para que brote en el surco
Con más dulzura la caña.

Las nuevas generaciones
De Pilaya, algún mañana
Me la hallarán en las flores
Y en la miel de lechiguana.

Con los setenta y seis años
Que vengo llevando a cuestas,
Al hacerme mis preguntas
No me mezquino respuestas.

Los sesenta y pico de años
Que Bolivia mire atrás,
Aunque nos cueste admitirlo,
Gira en torno a Víctor Paz.

A mis setenta y seis años,
Todavía soy capaz
De agradecer y culparle,
Al chapaco Víctor Paz.

Agradezco a Víctor Paz,
Por darle a toda una raza,
La libertad con la tierra
Y propiedad de su casa.

Y culpo a Paz Estensoro,
Por darme la libertad
Me hizo perder a mis hijos
En lo mejor de la edad.

Gracias a Paz Estensoro
Ya se va la noche oscura,
Porque el pobre dio sus pasos
A la luz de la cultura.

Pero talvez al chapaco
No le perdone la letra,
Porque hoy se atreve la copla
A remedarle al poeta.

Y la culpa más directa
Tiene en la Reforma Agraria,
Aunque por aquellos tiempos
Fue tan revolucionaria.

El campesino fue libre,
Por la revolucionaria
Gesta del nueve de abril
Que hizo la Reforma Agraria.

La Ley de Reforma Agraria
De Víctor Paz Estensoro,
En la tierra, al campesino
Dio el más ansiado tesoro.

Por eso en toda Bolivia
No podrán nunca jamás,
Olvidarse fácilmente
Del chapaco Víctor Paz.

Pero esa Reforma tuvo
Una desprolijidad,
La falta de los papeles
Que avalen la propiedad.

Justificó la demora,
La falta de agrimensores
Para que se hagan los planos
De los nuevos poseedores.

Quedaron para Barrientos
Los títulos en bandeja,
Todos ya cuasi firmados
Que, Paz Estensoro deja.

Al darnos esos papeles
La paradoja se impuso,
Con el opresor de líder
Y el Che Guevara de intruso.

Los títulos de la tierra,
Pa’ Rene Barrientos fue
El arma más decisiva
Para derrotar al Che.

Al quedarse sin banderas
Que al campesino levante,
Probó el sabor del fracaso
El más genial comandante,

Por el Che en Bolivia, cambia
Rumbo La Restauradora
Porque no ha vuelto la tierra
A la clase explotadora.

Porque La Restauradora
Con una m℮ta contraria,
Se obligó a consolidarla
A nuestra Reforma Agraria.

Hubo con Paz Estensoro,
Dignidad para con todos
Los bolivianos humildes,
En sus primeros períodos.

Pero acabó el MNR
En un gobierno servil,
De un neoliberalismo
Ajeno al nueve de abril.

También a Paz Estensoro
Culpo de acciones postreras,
Pa’ que el Goni pisotee
Las abrileñas banderas.

Por la ambición desmedida
De los Sánchez de Lozada,
El MNR hasta hoy día
Un precio tan alto paga.

En Víctor Paz Estensoro,
La balanza COMIBOL
Pesa el re-localizado,
Mucho más que el bonosol.

A Víctor Paz, le agradezco
Porque hoy puedo libremente
Elegir al que yo quiero
Para nuestro presidente.

Y para colmo de males,
Los que le critican más
Son los más beneficiados
Por la obra de Víctor Paz.

Porque en resumidas cuentas,
Fue la obra de Víctor Paz,
Que hoy pueda votar al Mallcu,
O por el Evo del MAS.

CONTRATAPA

A VECES, QUIERO MORIRME

A veces, quiero morirme
Pa’ que se me cumpla el sueño;
De al menos en mi velorio
Se diga, que fui tan bueno.

Y que se diga, que en vida
No conocí un enemigo.
Y que fui siempre por todos
Mis afectos, muy querido.

El apuro por morirme,
[Aunque morirme no quiero],
Es que se diga en el pueblo:
“Se nos ha ido el coplero”.

Que mi ida deje un vacío
Aunque apenitas el tiempo
De mi entierro, y que lo llene
Este reconocimiento.

Alguien diciendo en silencio:
“Coplero desconocido..
Te prometo que tu copla
No se queda en el olvido”.

La Copla lejos del pago [posible edición de la imprenta del Congreso Nacional, gracias a la Brigada Parlamentaria de Tarija],son coplas de nostalgia por mi ausencia de 40 años del pago, y esta segunda parte, constituye acaso un intento de análisis socio político de Bolivia desde las antípodas de la Revolución Nacionalista del 52, hasta el 18 de diciembre de 2005, fecha de elecciones generales donde un aborígen fué electo presidente.
Fanor Ortega Dávalos

ESTA TIERRA DE TARIJA

\'Esta tierra de Tarija
Siempre me hace regresar,
Para ausentarme de nuevo
Sólo por verme llorar\'.


Glosa

Aquel que tiene a esta tierra
Como residencia fija,
Ni sospecha como tira
\'Esta tierra de Tarija\'.

Tarija tiene un embrujo
Que jamás llega a fallar,
Que encuentre donde me encuentre,
\'Siempre me hace regresar\'.

Y yo que nunca escarmiento
Siempre al regreso me atrevo,
Aunque a Tarija no quiero
\'Para ausentarme de nuevo\'.

Porque en Tarija, las coplas
Todas me vienen a dar
El adiós...... como un pretexto,
\'Sólo por verme llorar\'.

POR CERCA DE CUARENTA AÑOS

“Por cerca de cuarenta años
Que estuve en el extranjero,
Díganme desconocido,
Pero jamás forastero”.

Glosa

Por su capricho, el destino
Me llevó a pagos extraños,
Cerca y tan lejos del mío
“Por cerca de cuarenta años”.

Como que vengo a Tarija
Pa’ saberme vivo, espero
Que nadie me lo recuerde
“Que estuve en el extranjero”.

Si yo mismo, en la ausencia
Me siento sólo un olvido,
Ustedes con más razón,
“Díganme desconocido”.

Y siempre que vuelva, acepto
Que me digan lo primero
Que se les venga la gana,
“Pero jamás forastero”.

PA’ ESTE COPLERO, TARIJA

Pa’ este coplero Tarija
Es la morena más bella,
Que cuanto más me rechaza,
Más me encapricho con ella.

Más me encapricho con ella,
Que voy a enloquecer
En la ausencia y la distancia,
Porque no puedo volver.

Porque no puedo volver
A donde quiero quedarme,
Ya ni en sueños a vivir
Pero al menos a enterrarme.

AHORA QUE ESTOY DE REGRESO

Ahora que estoy de regreso
Ojala cambie mi suerte,
Porque siento en mis adentros
Que está madura la muerte.

Ya las siento disputarse
El derecho a mi final,
A la muerte repentina
Con la muerte natural.

A la muerte repentina
Voy a pedirle un favor,
Que me sorprenda en Tarija
Así me voy sin dolor.

Si la que viene a llevarme
Es la muerte natural,
Ojala que “no me agarre
Lejos del pago natal”.

Pero al final, ya no importa,
Cualquiera muerte es igual,
Con tal que sea Tarija
Donde me pueda enterrar.

biografia:
Fanor Ortega Dávalos

Autoexiliado en Salta, Argentina desde 1970.-
Auditor Financiero, titulo revalidado por la Universidad de Tucumán como Contador Público Nacional.

fanorortegadavalos@hotmail.com

 

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