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Mara Nlida Mendoza
Nacionalidad:
Estados Unidos
E-mail:
mnmendoza13@gmail.com
Biografia

María Nélida Mendoza

[Cónsul de Poetas del Mundo - Costa Oeste-USA]

Es colombiana y reside en Estados Unidos. Se graduó en Letras Modernas de la Universidad de San José, California con su tesis investigativa 'Rosario Castellanos: Vaticinio de insurrección en Balún-Canán y Oficio de Tinieblas' la cual trata de los levantamientos indigenistas ocurridos en Chiapas. Su primer poemario 'Cantares de un Alma Gitana' nos adentra en el mundo maravilloso, casi mágico, del pasado en el que nos retrata las injusticias de los indígenas las Américas.
Es maestra en francés, italiano y español desde hace 20 años; intérprete médico y jurídico; crítica de arte y literatura; conferencista en arte y cultura; curadora de arte; productora de eventos artísticos; pintora; y bailarina de folclor. 
Es fundadora y directora del centro Cultural Hispano Americano.
Trabaja como periodista independiente y ha publicado sus entrevistas y críticas en Persona, Raven Chronicles, y en los periódicos de Tú Decides, El Mundo y Sea Latino.
Es miembro de la Directiva de Cigarra, Mujer Entre Letras, Hispanic Seafair Organization, Spain Association of the Pacific Northwest, Colombia Vive, Mujeres del Noroeste, y del Comité de Iniciativas Auto Sostenibles de Seattle.
mnmendoza13@gmail.com 

 

Tu Ángel Francisco

Poema dedicado al Papa Francisco I
Por María Nélida Mendoza

© Derechos Reservados – 13 de marzo de 2013

  

¡Francisco, Tu misionero,

es Tu Santa bendición!

 

¡Con Tu soplo milagroso

las aves alzaron vuelo

trinando Tu son hermoso

que nos enviaste del cielo

a mitigar este duelo!

 

A la Tierra, llegó Señor,

un gran Ángel lleno de amor

para cambiar esta aversión

y musitarnos Tu Canción

de Esperanza y Pasión.

 

Francisco, Tu misionero,

es Tu mejor mensajero,

es Tu Santa bendición,

descendió como un gorrión

portando paz a Tu Creación.

 

Guerrero como el león

por Tus almas en aflicción

tierno ante la tribulación

para cargar con nuestra Cruz

por el camino hacia Tu Luz.

 

Siempre atento a nuestro llanto

su plegaria es un canto

y unido en el camposanto

nos sosiega nuestras penas

y desata las cadenas.

 

Sus ojos son dos luceros

y entre lunas y Tu fulgor

va tejiendo lazos de amor;

su canto se alza en vuelo

a hacer justicia a Tu Pueblo.

 

¡Su alma es como la brisa,

fresca como el pan del día,

febril guardián de la vida,

en Tu Altar siempre sumisa

y en sus labios gran sonrisa!

 

¡Francisco, Tu misionero,

es Tu Santa bendición! 

 

 

El sombrero de Ecuador


- Quiero hablar con el Tejedor,
al tejedor conocer quiero,
porque quiero un sombrero;
un sombrero lleno de gracia,
un sombrero con una gran franja
que no tenga nada de arrogancia,
un sombrero de fina estampa,
tan suave como la seda
para pasear por la alameda,
por la plaza y el malecón.

- ¿Qué desea usted, linda señora?
- Sólo que me escuche, señor Tejedor.
- Está bien, hable usted sin demora,
porque pronto debo regresar a mi labor.
- Vengo desde muy lejos, mi señor;
vengo a la tierra de mi gran amor;
vengo a pedirle un gran favor,
que me haga un sombrero mañanero,
un sombrero fino y hechicero,
un sombrero típico de Ecuador.

- Escúcheme, porque de usted preciso,
hágame un elegante sombrero
que sea risueño y placentero,
un sombrero de elegante viso
para la cabeza de mi amor,
un sombrero de fina paja,
de fuerte palma de toquilla
para que sea su fiel alhaja;
un sombrero que sea una maravilla
que yo le pagaré un montón.

- Bien, le tejeré dos tesoros de Ecuador,
uno para que le regale a su gran amor
y otro para que usted por el mundo luzca,
y los dos cuenten una historia justa
de cómo se construye el sombrero de Ecuador.
Pero quiero que conozca primero
el sacrificio de los cholos en su labor,
y cómo vivimos en desespero,
porque no recibimos ese dinero
que los demás pagan al usurero
por nuestro esmero y gran labor,
y nadie la miseria del cholo escucha
después de tantos años de injusta lucha.

- Señor tejedor, contarle al mundo quiero
cuando los dos luzcamos ese sombrero,
porque juntos llevaremos con mi canto
la triste historia de su bella labor,
y escribiremos su dolor y su llanto;
quiero ver cómo tejen con tanto amor.

Y con el Tejedor juntos fuimos
por las lomas y los valles de Ecuador,
y al llegar a una choza descubrimos
toda una familia de artesanos finos:
hombres, mujeres y hasta los pobres niños
trabajando para enseñarnos con amor
cómo construyen el sacrificio de Ecuador;
cómo enredan en sus dedos la paja de su dolor.

En Montecristi se originó esta labor,
en una zona de mucho calor y ají;
y en esta bella Provincia de Manabí
se cultiva la comida para todo el país
y también se cultiva la paja de toquilla;
paja que producirá una maravilla
para el garbo de la niñas finas,
y que también es como una joya fina
en la cabeza de los amos y los lords.

¡Qué hermosa tierra es Manabí,
entre el mar, las lomas y el cielo;
es aquí donde están los pobres Cholos
olvidados por la sociedad y, solos
van arrancando la toquilla de su suelo,
pensando y soñando en el amor,
sumidos en su preciosa labor;
labor de tantos y viejos siglos,
en la que van tejiendo los hilos
que dura meses y sin poca ambición;
y parece escucharse el murmullo
de su plegaria, de su oración,
y en las tardes para el alma es un arrullo
y así le van pidiendo el pan a Dios,
un milagro y una bendición.

Para construir este monumento,
sus manos son su único instrumento
y con la ayuda del gran cielo
sus maltratados dedos van contando
las tristes leyendas del abuelo,
y las mágicas historias de su raza,
y en cada hilo van enredando
su vida llena de tantas luchas,
que para los ricos no son muchas;
y con su gran espíritu soñador
una hermosa forma le van dando
a su sufrimiento y a su esperanza
en la tierra de un tropical resplandor.

Cholos que en silencio van sufriendo;
Cholos de manos fuertes y sedosas
que delicadamente van construyendo
con humildad y el fruto de su sudor,
el tesoro de esta tierra poderosa,
un bello monumento a Ecuador.

Estos Cholos por los siglos humillados,
son Cholos que parecen estar en duelo,
como si fuesen castigados y encadenados
a un palo de tortura y desesperación,
porque sólo miran hacia el suelo,
concentrados en su delicada labor
y, con su espalda encorvada y en dolor
en silencio suavemente van tejiendo
el sombrero, y su única misión
es terminar con este atuendo,
es el canto de su tierra, el canto del amor,
una maravilla, el sombrero de Ecuador.

- Quiero un sombrero para mi amor;
quiero un sombrero lindo;
quiero un sombrero indio,
un sombrero que cante y llore
las injusticias de sus dueños,
y los lamentos de sus sueños;
un sombrero que por el mundo grite
la avaricia y el poder del vendedor.

- Yo quiero un sombrero de Ecuador;
quiero un sombrero para mi amor
para que vaya pregonando
por las calles de toda nación
la tristeza de los Cholos añorando
una digna y justa remuneración.

University Place, Washington
30 de enero de 1993


 

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